Hay historias que no acaban nunca, que permanecen en nuestras mentes el resto de nuestra vida. Vuelven en fracciones de segundo para que recordemos a esa persona que en algún momento de nuestra vida llegó para marcar un antes y un después.
Esa persona que un día me volvió loca, poco a poco, a fuego muy lento se hizo imprescindible. Todo empieza como un juego, una amistad. E intentas engañarte cuando ves que puedes sentir algo más porque esa amistad es demasiado importante para dejar que se esfume por unos sentimientos confundidos. Pero todo va a más con el tiempo, cada vez las tus sonrisas tienen más que ver con su mirada. Hasta que te das cuenta de que solo entre sus brazos te sientes protegida del mundo, solo ella hace los problemas pequeños y los miedos los convierte en retos que superar. Ella consigue que te quites la coraza y que seas simplemente tu, te invita a usar la primera persona del singular mejor que nadie. Con ella te puedes imaginar dentro de 20 años, dadas de la mano sin que eso te asuste.
Sabes la vas a querer como no has querido a nadie y que es de la persona que te acordarás cuando pases por la esquina que la conociste o cuando veas la película que tanto le gustaba.
Por ella eres capaz de jugarte la vida a ver si tienes suerte, eres capaz de elegir el camino más difícil, ese que solo tiene una posibilidad entre millones de que no tropieces. Por esa persona que te hace disfrutar a ratitos del mundo vas a dejar de andarte por las ramas para aferrarte con fuerza a la vida, para no dejar pasar un segundo más sin estar a su lado.
A ella le podrás decir, aunque pasen los años, que lo vuestro no terminó nunca.