Nuestras mentes están demasiado ocupas en otros asuntos, o en otras piezas incluso y cuando llega el momento de colocar la pieza en su sitio estratégico nos damos cuenta de que no está. Sin saber exactamente cuando, donde ni porque razón la hemos perdido nos encontramos desorientados, notamos que esa pieza que antes tan poco apreciabamos era fundamental.
Esa pequeña pieza era la que hacía que todo nuestro puzzle cobrara sentido, la que hacía que el mismo pisara el suelo con fuerza, era aquella que nos enseño que las cosas más pequeñas son las más importantes y las que luego acabaremos echando de menos.
Por eso mismo hay que cuidar bien cada pieza del rompecabezas de nuestras vidas, porque solo una es la mitad perfecta que nos complementa. Solo una es la que hace que todo nuestro gran rompecabezas cobre sentido, y cuídala, no la dejes caer, que luego es realmente difícil de encontrar.