Una tras otra.
Qué divertido resultaba cuando solo era algún que otro fin de semana. Cuando, en principio, era pura diversión. Todo empieza una noche, con una copa y una voz que se te acerque al oído de un impulso y te diga " tomate esto, que ya verás que subidón". En un principio no le ves ninguna pega, es una raya, solo una. "Solo hoy" te dices intentando auto convencerte de que no repetirás. Y ves los resultados, la energía, las ganas de comerte el mundo, verlo todo al ras de tus zapatos de tacón. Esa cautivas al mundo, no te das cuenta de que acabas de entrar en un laberinto del que difícilmente conseguirás salir.
Esa raya de cocaína, la que iba a ser "única" ahora en tu vida se ha multiplicado, cada fin de semana. Te consolaras pensando que no estas enganchada. "Yo lo dejo cuando quiera". Ahora ya, te has bajado de los zapatos de tacón, sientes la debilidad que te causa el colocón. ¿Cuesta verdad? Ya no es tan divertido, ya no te puedes comer el mundo, estas cerca de la mitad del laberinto. Si no pides ayudas, te tragará. La gente comenzará a advertirte, les dirás que no lo harás de nuevo, pero seguro que buscaras el dinero en sitios impensables, para el último gramo. ¿Te has dado cuenta? Ya no hablamos de rayas, hablamos de de gramos.
Ya no es la primera, la de "solo por probar", ni es solo para aguantar el ritmo de la fiesta, ni tan siquiera para aguantar el mono. Ahora es el gramo que te da la vida, el que hace que tirarte hasta lo más hondo. Por el que robarás a tu mismísima madre, esa madre que te acoge después de cada recaída. Robarás a tus hermanos, engañarás, muchas veces hasta pensarás en prostituirte. Pero que coño, no puedes ni con tu vida, como para plantearte ponerte unos zapatos de tacón en una esquina.
Envenenarás todo lo que tocas, lo irás pudriendo. Te perderán el respeto, no te dejarán de querer, eso no. Tu madre, te seguirá arropando en la cama cuando vuelvas colocada y tu hija te seguirá leyendo obras clásicas de la literatura para que te duermas. Y te dará un beso de buenas noches esperando que al día siguiente sigas ahí.
No te reprocharan nada, aunque a veces el trato sea mas distante. Te visitarán en cada centro de rehabilitación e intentarán siempre que no vuelvas a recaer. Yo te digo, que nunca te dejarán de querer, que no te van a dejar sola.
Tú elegirás tu soledad, tú elegirás tu vida, tú verás si haces o no daño a tu alrededor. Tú decidirás cuando parar, cuando recuperar tu familia. Lo decidirás al igual que aquel viernes, subida a tus tacones más altos lleggaste a respirar entre rayas, cayendo a lo más bajo.
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